El vino que huele a La Rioja

Hay vinos que se toman y hay vinos que se sienten. El Torrontés riojano es de los segundos. Con solo acercar la copa a la nariz, aparecen aromas que recuerdan a la primavera: flores blancas, frutas cítricas, ese perfume que no se encuentra en ningún otro vino del mundo.

Una cepa que solo existe acá

El Torrontés riojano es una cepa autóctona de Argentina, y La Rioja es su cuna. A diferencia de otras variedades que llegaron de Europa, esta nació y creció en los valles riojanos, adaptándose al clima seco, a las noches frescas de la montaña y a los suelos pobres que obligan a la vid a esforzarse.

Los valles donde crece la vid —Famatina, Chilecito, Sanagasta— son paisajes de contrastes: días calurosos, noches frías, montañas que protegen y vientos que secan. Esa tensión entre el calor y el frío es lo que le da al Torrontés su equilibrio: frescura para el paladar y aromas intensos para la nariz.

Más que un vino: una identidad

El Torrontés riojano no es solo una bebida: es una forma de entender la provincia. Está en las mesas familiares, en los festejos, en las reuniones de amigos. Es el vino que se sirve cuando llega alguien de visita y el que se regala para que se lleven un pedazo de La Rioja.

Si nunca lo probaste, la primera impresión suele ser sorpresa: esperás un blanco suave y encontrás un vino con carácter, con personalidad. Como La Rioja misma.

«El Torrontés riojano no se explica: se huele, se prueba y se recuerda.»

Puertas del Sol Cabañas
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.